viernes, 31 de octubre de 2008

Campanario

2 calles vacías de ruido, 3 andenes que extrañan pasajeros, los trenes que anhelan inflar sus vientres esperanzados y sus locomotoras que estallan de cólera, de humedad, que sudan rutinas lejanas y sueñan con volver a llevarnos.

Semáforos intermitentes, como los recuerdos de un anciano, amnésicos, inertes, sin función alguna para una sociedad que los mira de lejos y cuando sus vientos se derrumban sobre sus cabezas, los ignoran como quien disipa un libro amarillento cuyo título es "la profunda salida del infinito"; así, de esa forma, los caminantes que corren evitan angustiarse ante unos centinelas que no hablan pero administran, término hoy utilizado por los empresarios y reducido a segregación masiva de capital, a costo de manos engrasadas, que comen, corren y duermen en lo oscuro de la pulcritud.

Manchas de aceite en la acera, portones que quedaron abiertos por la mitad y sus dueños que huyeron a cortar malezas y a encender el televisor.

Perros guardianes que se comen los hierros de los paso a nivel, porque ya no quedan ni árboles enfermos ni cuerpos de pájaros, porque el óxido vive en esos fierros y su muerte será producto de un proceso heredado de la lluvia, lluvia que ni ganas de ser ácida tiene porque ni pulmones le dejaron, ni la sonrisa de los adolescentes cuando moría en sus cabellos y vivenciaban por vez primera el orgasmo, y dialogaban y se hacían comprender con miradas, en ciertos casos, sólo con miradas, mientras que en sus cabezas resurgían escenas fílmicas que fueron hitos de tabúes.

Puedo ver un auto inconciente, tapado de alcohol, y sólo puedo hablar de él en pasado: fué un auto, en algún momento. Ahora sólo veo campo detrás de su piel quemada, recuerdos perpetuos, eternamente negados a desalojar ese cuerpo, o lo que queda de el. Alguien o algo quiso que el fuego borrara todas sus culpas, pero no se atrevió a tumbarlo en los márgenes del camino. Quedó allí, en el medio del universo y diciendo presente, tal vez a mí que soy el único que lo abraza, aunque ya no distinga perfume de sudor, caricia de rasguños ni aliento de suspiros.

Estoy jodido de soledad y esta es la crónica de los parches que deja la ciudad. Esta es la crónica del terreno abrumado que dejan tus pies cuando se trepan al mañana, siendo hoy todavía y sin gastar el último centavo de cordura que se nos pegotea en los labios. Siempre quise (y aún quiero) comprarte una parcela de tiempo sólo para ayunarte, sólo para fundamentar las hojas de mi existencia y creo que mir ruinas no son más que espejos rotos, que no traerán eterna desgracia . No te preocupes ni te escurras la mirada; mientras que allí habite la magia, seremos duendes del atardecer.

Cerrar el cielo

Entras y te ocultas sin permiso.
Desgarras mi tiempo, mis planes,
mis gustos,
mi estadía en lo obscuro.
Me ciegas un cuarto de distancia,
una lágrima de almidón,
un concierto de lágrimas desafinadas,
impropias.

Te tengo en círculos abiertos,
en largas cadenas de números binarios,
en palabras intactas,
en miradas externas,
sin puntos, sin comas,
sin sujeto ni predicado.
Eres sólo un pretexto equivocado,
un presente incorrecto,
un sístole con diástole imprudente,
fuera de tiempo, sin coordenar.

Soy una saga de poros arrugados,
de viejos instintos, inmorales,
una soga que sostiene planetas,
una sombra centrando el pasillo,
una ventana sin golpear,
un martillo sin memoria,
una etiqueta en tus labios.

Soy espejo de tu sonrisa;
me llaman tus tiempos,
tus órbitas, tu melodía,
me llama el incendio,
tus ramas caídas,
tu cielo inocente,
tu cobardía.
Respondo al paso, al silencio,
a tu abrazo pendiente,
a las luces que supe apagarte,
a los llantos que supe mirarte.
Respondo a los más sutiles intentos de aire,
a la llama que corta mi ombligo,
al mar que desprendes del olvido.

Me hundes en cuatro unidades,
y te reduzco a dos,
y busco quitarte el alma.
Pienso que irritas el tiempo,
que nadas en líquido amniótico,
y aún así me quiebras mercurio,
suspendes silencio,
avivas las hojas escritas,
los ojos que inventan misterios,
la mente que roza lo absurdo,
la ciclotimia y el sexo a escondidas.

Es puro regocijo de adicciones,
un brazo que nunca te rodea,
un martes que nunca llega.
La enésima vez que subo la escalera
y bajo pensando la odisea,
de tenerte en mi almohada,
allí prisionera,
de saber tus colores,
de enredarme en ardores,
de querer ser viento y lluvia,
de borrar tempestades.

Sólo arrebato de madera,
sólo muelles que nos unan,
gotas de agua fundidas en noche,
y el verbo imposible que cierra tu bote.

viernes, 10 de octubre de 2008

Distancia entre 0 y 3.25

" Entrar en la nada, pintando un desierto,
buscando las palabras que hoy,
relaten lo que estoy viendo "
El número imperfecto. Autor: Catupecu Machu.

Comienza el ritual,
la luz azulada, verde y envolvente
asciende y desciende,
el cuerpo caliente, las piernas cruzadas
y el hilo del violín que voltea sonrisas
fomenta vertientes,
y asoma una lágrima,
te lleva lejos, perdiendo tornillos, cicatrices.

Es todo uno, insuperable,
universo orgánico,
completud y totalidad,
vacío productivo, verdad emergente,
y la unión son los elementos
perfectos y coordinados,
reales incentivos,
motivos que no exageran
y un paso completo de osadía,
y dos oídos bebiendo el mundo.

Sendero de imágenes, un grito preciso;
lo agudo se funde en lo grave
y aquí sí hay viceversa,
aquí existe todo, el acá y el más allá,
el viento helado, la sangre entre-líneas,
bostezo recortado, lagunas eternas.
No hay dudas:
es cuerpo y cielo, luz de estrellas,
coloquio interno.
Es el odio zumbando en melodía,
lo obscuro marcando el contexto,
la geografía y las formas
de la sombra de los árboles,
de las noches subversivas,
del abrazo a la soledad.

Buscar, dormir, despertar y escuchar;
se halla al fín la letra perdida,
se puede al fín comenzar,
afinar la guitarra y estallar en voz,
en luces de voz que apagan pasados,
que viajan sin dirección.
Un círculo de plata que gira el reloj,
que talla el acento fuera de lo unívoco
y se rescata del abismo.
Y no lo querés, no deseas ser seguro,
pero se trata de bordear el infinito,
de especular con las ventanas
y llamar al empirismo.

No hay vidrios, no hay puños,
no hay sombras ni mañana
es perfecto,
compulsivo y consecuente;
no es oportunidad,
es presente
....y nada más....
o todo lo que resta,
o todo lo que suma
y es susceptible de contradicción.