martes, 19 de enero de 2010

Principio pragmático

Mentías,
cuando decías que había cielo,
cuando decías que no eran humo
tus palabras, tu risa,
tu mirar...

Mentías cuando estallaba el teléfono,
y también
cuando reías en silencio.
Mentías la décima nota,
la cárcel de vidrio, el lugar equivocado.
Mentías tu nombre
y también...
un trozo de sinceridad.

Yo sólo escuchaba:
escuchaba la lluvia caer,
tu silla empobrecida,
el tacto de tus manos,
tu ira, tu amor, tu desazón,
tu INSOPORTABLE ausencia;
escuchaba reclamos en forma de bromas
y tus piernas llamar al olvido...

Escuchaba palabras sin ropa,
términos y gestos infantiles
y nada me derrocaba,
nada ni nadie me secaba el sueño.
Estaba ciego:
ciego como la necedad,
como las hojas arrancadas,
ciego como anciano frente a la novedad.

Buscaba un lazo en los círculos,
un duende en los cementerios,
buscaba un lugar para atormentarme,
y desnudarme,
y quitarte las espinas del deseo.
Buscaba un techo en el suelo,
un ancla en un aeropuerto.
Buscaba el modo rojizo de la estabilidad.

No caminaba:
me aarastraba el viento por la calle,
me llevaban y me traían
y era fácilmente corrompible:
podían usar mi alma como alfombra
y también...
como sello dilatado.

Olía a perfume y no era jazmín,
lucía remeras y no era manequí,
miraba perdido y no era capitán,
calmaba aullidos
y no era inmortal.

Oculté a un Dios detrás del presente,
gasté halagos a cambio de un beso:
caí y no reboté...
Fuí rey y mendigo según el día,
fuí prisa y aún melancolía,
fuí calma, tolerancia,
y por quinta vez empeñé mi corazón.

Triste sentido real,
triste sentido irreal;
no sé con qué frecuencia,
no sé en qué orden,
pero así como mata el cáncer,
así como contratan esclavos,
así caí en combate preso del miedo,
sudando mi verguenza,
festejando mi osadía,
tratando de ver lo sencillo
caí en la fantasía...

Y mis ojos llevan su olor, su calor;
el sudor de su espalda
y la marca de sus huesos,
llevan su piel, mi seño fruncido,
llevan mi animal y mi nobleza.
Mis ojos llevan más que trsiteza,
y es el resto de sexo interrumpido
qeu vive en mis uñas,
debajo de mi pecho recostado.
Mis ojos llevan sus piernas,
su brillo y su llamado...
y no hay forma alguna
de volverme extraño.

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