sábado, 22 de agosto de 2009

Crónica del abandonado

La peor parte le toca al abandonado: es quien se queda con el tiempo congelado en el último beso, en la última caricia y en el último abrazo. Es quien recorre mentalmente las calles y los lugares que alguna vez supieron compartir; quien se despierta en medio de la noche sobresaltado, a mirar el reloj, a esperarla que vuelva a la cama y como un cachetazo animal lo vuelve a poner en la vereda del presente, y a recordarle que las puertas no van a ser abiertas más que por sus propias manos.

El abandonado camina la ciudad, le aturden los ruidos de los micros, las bocinas de los autos. Viene de ninguna parte y va hacia ningún lugar. Sortea sonrisas entre situaciones absurdas, cotidianas, que no son más que parches de papel, sin futuro. Sonríe con la fuerza de un gigante y mira con ojos de niño triste el amor estallando entre dos bocas. Admira a las palomas, su vuelo, su alboroto automático al paso de un caminante. Arrastra sus pies, encuentra fortaleza en neumáticos sobre los adoquines, en un árbol llovido.

Patea, alza su cabeza, sus hombros: arma un ejército de voluntades, pero...llega la noche y la calma se vuelve ansiosa. La lucha es inútil, como resistir herido y sin ojos, solo con un fusil y una pluma para escribir en el viento, en el rostro del miedo.

Llega la noche y se arrodilla sobre el primer piso que pueda encontrar, mirando el techo le pide a Dios (al primero disponible) que la devuelva intacta, tal como se fue: sin rímel, sin anteojos...y viva. La quiere viva para llenar esa maldita mitad que sobra en su cama, a la cual le habla y acaricia cada Viernes, cada Sábado, cuando el ruido calla, cuando hay clima de invierno en las sábanas aguardando el calor de su cuerpo, su pedido urgente de cobijas y su PAZ llenando TODOS, absolutamente TODOS los conflictos que golpean su cabeza, su realidad. Esa paz que a él transmitía y que él devolvía, y su mundo era pequeño (o inmenso) y cuidaba de su flor como un principito.
Acariciaba su pelo, sus ojos, mientras ella dormía y el pensaba y sonreía "¡¡POR FÍN ASESINASTE A MI SOLEDAD!!".

Aquellos momentos son eternos y perfectos: quedan buceando en los mares de la memoria, como rayos de sol aguardando el retiro de la luna, como aquellas tantas tardes que inundaban de alegría, tejiendo poemas y fotografías, corriendo por los museos y viajando en tranvías.

El abandonado es quien mira el mundo con nostalgia, quien abre la caja de los recuerdos, le quita el polvo y sonríe o solloza rememorando un café compartido, un sin fín de caricias bajo un árbol, en un cine, en una avenida. Es quien cruza las diagonales cada día y la vida...¿la vida?...la vida le sobra por los costados. Es quien guarda silencio, quien espera el llamado, el "te amo", el "te extraño"...

Este sujeto perdido entre miles de botones microscópicos, es aquel que quedó con un mate sin cebar, con un viaje sin hacer, con un abrazo sin dar. Es aquel que quedó sentado en su cama, esperando que ella termine de arreglarse para acompañarla a la estación, y ella no sale y... (pausa que al autor le estrangula el pecho) nunca más va a volver a salir del tocador, para darle un beso y mostrarle la certeza de estar vivo.

Los autos siguen pasando, como los estrenos en el cine o las clases en las facultades, y el abandonado es ajeno a todo ello porque...porque sin saberlo, sin pensarlo, espera a que un milagro (como aquel que los unió) golpee la puerta de su alma y la devuelva con los ojos abiertos a las fechas, a los nombres, a las plazas, a las noches que fueron contexto de su amor. Pretende que una baldosa, o una fuerte brisa de soledad le vuelva el rostro hacia un milímetro cuadrado de aquel que le habla a su almohada, que presiona con fuerza las columnas de madera y mirada de odio comprendiendo el final y extrañando los vuelos a los que solía asistir, imaginando su cuerpo desnudo, de aquel que se corre en la cama para dejarle a ella más espacio, para bajarle un sueño a su pecho y dormir serena, en calma, entre luces tenues y su lento respirar.

Al abandonado le queda la ansiedad, 700 proyectos sin empezar (y otros sin terminar); boletos de tren, cartas de amor, un subsuelo marino de recuerdos y...las pupilas mojadas de la soledad.

Sí: al abandonado le queda el amor,
pero ningún buzón...

lunes, 17 de agosto de 2009

"Creo que educar es combatir y el silencio no es mi idioma" *

La espera es una de las mayores conquistas que aprehende un niño cuando pasa de la niñez a la pubertad.

A esperar se aprende. No está genéticamente estipulada la espera. Y los niños aprenden a esperar, comprenden la importancia y el significado de la espera a través del juego, herramienta fundamental para alcanzar sus metas futuras. Se trata de un proceso constructivo, como lo son el lenguaje, las conductas sociales, las emociones.

A partir de la espera y de otra gran cantidad de conquistas que el niño construye en su seno familiar y social se puede decir que está listo para ser un ser socialmente adaptado (se entiende a qué me refiero cuando hablo de adaptación. No me refiero a una sumisión, sino a algo más sencillo (y también complejo según se puede ver) como es el hecho de aguardar en la sala de un hospital a ser atendido, por ejemplo, o a que nos atienda el tipo de la ventanilla que vende los boletos para el tren)

Cuando no entiendas porqué ciertas personas tienen un nivel muy bajo de tolerancia a la espera, pues acá te doy la punta del iceberg apenas. El tema es mucho más extenso y tal vez infinito: de aquí se derivan los orígenes de tantos conflictos sociales que hoy la prensa y la opinión pública decide penar y castigar sin preguntarse ¿por qué? ¿cómo se llegó a esto?.

Es más sencillo (a nivel analítico) castigar, quitarse el problema de encima que el Estado mismo generó. Es más ecnómico, psíquicamente hablando. "Que la prensa piense por mí porque yo soy un sujeto (sujeto, atado, prisionero) pasivo recibiendo contenidos". "Hay que matarlos a todos" parece ser la solución perfecta.....pero.....si fuera perfecta entonces ¿vale la pena haber fundado sociedades? ¿vale la pena que caminemos erguidos y no sigamos siendo unos simples primates?.

Para algo tenemos desarrollado el lóbulo frontal. Usémoslo, que es lo que nos distingue de los monos. ¿tenés armas para pensar? usalas. No quieras todo de arriba: a pensar también se aprende, a comprender se aprende. A veces, hay q imaginarse estando abajo para entender y saber que somos azar, y sobre todo, que las herramientas de las cuales disponemos son nuestras por el contexto en el que crecimos y nos desarrollamos.

El Estado no somos todos. Escucho eso a menudo y no recaemos en el hecho de que buscamos CONSTANTEMENTE formar parte de una democracia participativa. Lamento desilusionar a las almas ignorantes: estamos sosteniendo una ¿democracia? REPRESENTATIVA.

En fín: " CREO QUE EDUCAR ES COMBATIR, Y EL SILENCIO NO ES MI IDIOMA... "

* Autor: Callejeros. "Creo"

sábado, 8 de agosto de 2009

Retoños anclados

"Nada,
que a veces hay luz
y a veces hay nada..."
(*)

"x si las moscas sabes dónde estoy..."
Sigo encontrando pedacitos de tu amor
dónde sea que mire, donde sea que vaya sin ir.
Sin pedirme permiso, sin saberlo,
sin tener ganas de recordarte,
de olvidarte por completo,
de bloquear 4 años de mi vida,
todas tus palabras y cuentos
siguen pendiendo de algún mueble,
de alguna repisa
de algún recuerdo colado en la tv.

Quedé desnudo y solo frente a la soledad
porque fuiste más que todos tus retratos,
porque fuiste más que una simple historia,
más que una rutina,
más que una canción,
más que una mirada o una sonrisa,
fuiste más que un simple amor.

Fuiste aquello que movía mis pies,
que tejía mi futuro entusiasmado
perdido en tu escote,
en tus ojos
y en tus manos.
Perdido y encontrado en tus plazas,
en tu cama y en tus sueños.
Esa paz bendita
hallada en tu vientre
¿quién o qué suplanta eso
si no son los bordes de tu ombligo?
¿quién ostenta mi seño fruncido
sino es tu mueca de sonrisa
imaginando a Guevara?.

Ahora...
ya no me quedan espacios
ni números dónde llamarte,
ni cartas por escribirte,
ni derrotas por contarte.
No hay un qué o un quién
que llene tantos verbos
soltados al azar,
a veces rabiosos
y otras veces
vulnerables,
Ahora...
simplemente,
trágicamente,
ya no puedo contar con vos,
con tus palabras inflando mi pecho,
con tu presencia allá al final del camino,
adonde estoy y me balanceo
perdido por completo,
girando sobre mi eje,
deseando secar mis lagrimas eternas
que caen solitas al piso,
sobre mi almohada.

Mis ojos...
dos cristales rotos y lejanos,
un espejo de mi alma,
dos humedades vacías de sentido
como mis sueños
como mi tiempo,
desperdiciado,
como gastan la vida los ancianos
anhelando la paz infinita,
la luz que prometa y demuestre
que el pasado es sólo pasado
y que habrá un ángel
con otros ojos,
con otras manos
capaz de suturar mis alas.

Mi cabeza...
un depósito de mentiras,
ilusiones,
fracasos,
una mezcla vizcosa de miedos,
ansiedades y logros momentáneos.
Es la ante sala del infierno,
la puerta de entrada
a todos las muertes y vidas,
y espíritus festivos pasados.
Una fusión incompleta
de sueños rotos
y un pasado lleno de luz
y esperanza
y ganas de comerme el mundo
aferrado a tu mano
y a tu existir.

(*) "Retinas de alquiler". Carlos Chaouen.