domingo, 30 de mayo de 2010

Priscila

De tanto en tanto
sufro desvelos,
paréntesis de goma y carbón
que traen a cuento
el suicidio de algarrobos y líquenes.
A veces miro por la ventana,
me frota el hielo de la risa,
la paz,
lo felíz,
mirando el verde
que regala la lluvia,
ese color salvaje,
vivo,
vivo y sexual...

Otras veces me pierdo en símbolos:
recorro laberintos con los ojos, con la boca
me enfuresco y cambio las sábanas,
doy vuelta el colchón, el acolchado
mis discos,
juego con el piolín del velador
e invierto de sentido mi corazón.

Suelo pasearme como niño,
acurrucarme contra la pared,
pedirle más piedra y asfalto a la luna,
suelo pensarte despierta,
suelo desearme dormido,
suelo cargar de aire mi pecho
arrojarlo al vacío y sonreir.
Suelo cantarte canciones espinales
y suelo ensayar mi odio
y su modulación.

Pero si tuviera un poco de cordura
todo esto sería absurdo
(y lo es)
aún me arrepiento
de haber discado en calma
cada una de las letritas
que te digan "hola",
cada uno de los números
que practican para hacerte aquí.
Me arrepiento constantemente
de exiliar el tiempo pasado,
de escuchar un títere con tanta naríz,
de saberte escondida bajo la cama
cuando mi nombre se asoma por tu almohada...
Y es sólo para salvarte,
como siempre,
como siempre...

No hay cineasta
que no quisiera filmar mi rostro
cuando en sólo dos minutos
el mundo se detiene en tus números
y quedo con gesto neutro,
pensando en conflictos técnicos,
inventando excusas válidas
(que ni yo mismo me creo)
y si supieras...
si supieras...
No hay tantos versos para vos,
no te creas tan invencible:
fuiste mi luna y mi sol,
la luz de mis ojos,
pero en otro tiempo
dónde mi pecho aún era verde.

No vas a volver a poblar esta llamita
no merecés mi cariño,
mis ganas ni mi tiempo.
Fuiste lo que fuiste
y que allí quede.
Duele... duele...
lo sé,
lo vivo,
pero no es eterno,
ni es subversivo.

Unas manitos me esperan
y unos ojos me guardan amor:
nunca fuí más que un niño
queriendo ser un hombre
en tu pecho, entre tus piernas
y en tu corazón.
Ahora recojo momentos
y te escupo la cara
si te escucho decir "amor".

viernes, 7 de mayo de 2010

Más

Puedo decirte entre sombras
que soy más que la llave
que gira tus ruedos y mi flor.
Puedo advertirte pausada
en contornos de mimbre;
ser un gualicho
rumeando tus labios,
ser la manzana que golpea en tic tacs,
el vidrio teñido y arado de lluvia;
ser algo más profundo e incierto
que el leve susurro de olas
llevando tus tintes, tus vientos,
tu pereza inminente,
tu cálido sentir
de versos rompiendo en llanto.

Sí,
puedo chocarme el espejo de vidrio que habita en el tiempo,
puedo verterme en mares y luces,
y soles,
y relojes.
Relojes que cuenten pasados,
harapos...
harapos que guarden silencio,
misterio,
espacios...
espacios dónde mi sangre
y el filtro que reza tu cuello
sean clavijas de nuestro universo.
Universo partido,
segregado.
Universo de pies y manos rozando los tallos,
los tallos que suben y bajan
penetran y se engranan,
preguntan, cuestionan.
Cuestionan las ideas,
el sueño
cuestionan lo sagrado, lo divino
lo esbelto;
lo proclive a ser herejía profética
y más,
más
y más...

Puedo ser todo lo que sea
que habite al otro lado de mí,
pero sucede que hallo caminos que doblan sus muertes
que hallo ventanas abiertas al Sí,
que te veo y me veo
lustrando los azulejos perplejos
casi sin alma de librar batallas perdidas.
Sucede que me irritan tanto como me salvan
los huecos que deja tu sueño
en la sexta pulsión de vida
que arrastra todos,
todos,
Todos los hechos sensibles
de ser devorados
¡por mis!,
¡y tus!,
incongruencias...

Sea sombra
o luna
o estrella buscando una pizarra,
paseo en tranvía por tu cuerpo
y me bajo
(saltando y sonriendo,
amando y pecando
prensando y librando)
sobre el ciervo de tus alas,
y en proporción absurda
a mi juego favorito,
me siento a mirarte sereno
(como rosa de tela
o cuerda de madera)
tu movida desafiante.
No me quedan más presos en la boca,
tan sólo te observo
y me cuento,
y me acaricio,
y me desvelo.