sábado, 27 de febrero de 2010

¿Qué es "me he pintao"?

Me he pintao
es un baile de algodón
entre cuerdas finas, delicadas;
un café con arrebatos de besos
y espuma de jabón sexual.

Es una locomotora avanzando
(cautelosa y sonriente)
hacia el virus inequívoco
que origina el amor.
Una caricia con uñas,
un giro de maxilar abrupto
y a la vez,
femenino.

Me he pintao
se escabulle detrás del escenario,
apenas palpa el cortinado
y camina en puntas de pié
envuelta en marihuana,
llenando de asombro su fortuna,
llenando de ojos sus pupilas,
y apenas deslizan sus pies los artistas
la madera envuelve su ceño en éxtasis
y el humo brota de una chimenea
rugiendo y gritando
cada una de las variantes
del término revolución,
mientras muere el alma adolescente
de un niño aguardando
dos pechos urgentes de labios.

Luego se incorpora el carpintero
y comienza a dibujar
caritas de sol,
a un costado del ocaso,
sin que su mente
omita fácilmente
el cálido oxígeno que libera la mañana,
recuerdo inminente
que lo trajo hasta allí,
chocando sus rodillas entre sí.

Un agujero se abre en el piso:
el plomo es acción y sujeto.
Una virgen pasea desnuda,
desnudando perfumes,
promesas
y huídas...
Y nuevamente se presenta el perro,
ladrando señales de hierro y papel,
buscando entre la gente
un rostro que le sirva de espejo,
al menos,
un rostro que devuelva su placer.

Las nodrizas de las lágrimas
lucen inmóviles
aguardando el hervor de la luz
que trasluce la oscuridad.
Sobre la calle se acercan carroajes
afilando con violencia sus pulmones
y sus rodillas contra las piedras.
Los Romeos se arrancan las camisas,
hacen estallar sus botones
y encienden fogatas de versos
sobre los párpados azules del quizás

Un viejo libera su último suspiro
y muere lento,
principal y absurdo,
acariciando la mejilla
que alguna vez tuvo
maquillaje sin mentiras.

"Me he pintao"

Me he pintao, de blanco toa la cara
Me he pintao, de azúl el corazón,
y de rojo las envidias
que les tengo a las mañanas,
y de rojo las envidias
que le tengo al sol.

He comprao mi creencia en las esquinas,
he soñado clítoris detrás de las cortinas,
he perseguido imperfecto
a quien me ha dado la vida
y he meao fuera del tiesto
cuando todo era mentira.

He repasado los caminos del cuerpo,
y he nublado un cielo abierto
si te vas,
déjame atado,
he cosido con palabras
los hachazos que fuí dando,
si te vas
déjame atado
que me encelo y me revuelco por el suelo
y una vez lleno de barro
como caballo golpeado
voy trotando por el cielo
y me despierto,
y ahora vuelvo a ser un feto en tu regazo.

Me he comido
lo que quedó con el camino,
me he fumado
los besos ya olvidados,
he vomitado nostalgias
y he defecado castillos
espero ser yo habitante
de nostalgias de un amigo.

He repasado los caminos del cuerpo,
y he nublado un cielo abierto
si te vas,
déjame atado,
y he cosido con palabras
los hachazos que fuí dando,
si te vas
déjame atado
que me encelo y me revuelco por el suelo
y una vez lleno de barro
como caballo golpeado
voy trotando por el cielo
y me despierto,
y ahora vuelvo a ser un feto en tu regazo.

Necesito umbilicales transmisiones
de los sueros de tu vida,
necesito que respires tú por mí,
necesito de tu axila,
necesito claudicarme en tu matojo
y ponerme de rodillas,
y comerte.

Autor: Carlos Chaouen.
Album: Carlos Chaouen.

Lo mejor que pudiste haberme dejado
antes de irte...

lunes, 22 de febrero de 2010

Revelar una noche sin llamas

Justo que tenía un chasquido de estrellas en los dedos,
justo que me había puesto firme
en los pasillos que te evocan irritable,
justo...
que había vuelto a verte
sin rodear tantos misterios.

Justo que comía
del mismo plato que vos,
y sonreías por no llorar,
y me llamabas por no sofocar,
y te soñaba por no despertar.

Ahora me voy despacito,
casi sin que notes mi presencia,
casi sin que notes
que soplo un cuartito de viento
solo para ver tus párpados caer.

Me voy despacito,
contándote en secreto
(o en convención)
que salen verbos, sujetos y realidades
(ficticias u olvidadas)
tanto de mi boca
como de mis manos,
que creas o no,
que guardes o no,
que abras y cierres,
que encuentres o tropieces,
solo son caricias verdes y blancas
que buscan asilo sin tu firma
ni tu adhesión.
Vagan en rondas por tus silencios:
es tu criterio quién decide su paz,
su incongruencia
o su transición.