Todavía
Todavía me sacuden las perillas del verso:
intento establecer
pasillos y caminos de fuego,
labrar tempestades,
y sólo me encuentro
con mi rostro entre cejas.
Yo no sé si serás
un astro versátil y locuaz,
un camino de sal
o un simposio de cuentos voraces.
Lo cierto es que
todavía,
las uñas me trepan la voz
y a veces no puedo,
simplemente,
darme el lujo de cercarme en prisión.
Voy para abajo,
te atiendo entre líneas,
me llamo a morir.
Me miro al espejo:
lo noto cansado
y aburrido.
Me cuenta su precio
y su lealtad.
Le exijo un diamante,
lo veo en llamas, atónito,
corroído por las llaves,
excusado del pasar,
arrancándose el cuello a gritos
y la sangre a la luz.
Lo veo, sangrar en silencio.
Lo escucho puteando al demonio
sacando las luces prohibidas,
corriendo por el surco del disfraz.
Todavía acomodo los platos
y volteo un vaso sobre el hombro.
Los seco como quien seca su sombra
y les digo que son prontos herederos del tiempo.
Vacilan zurciendo las tazas
los discos de Agamenón.
Hay un tesoro debajo del borde.
Lo rodeo con las yemas
y le espanto el temor.
Me seco las muñecas,
me envuelvo en sudor...
Toda la vida fuí un príncipe de barro
y hoy,
las antorchas me saben amargas
y el puñado de risas y matemas
son sólo un sillón de vinos
una coronita de espalda
en los andamios de mi corazón.
