Digresión
Veo arañas trepando los pasillos
saliendo de tu cuerpo desnudo,
impaciente,
prudente de ser testigo de un crimen
que llega hasta el vacío,
se vuelve constante
y a la vez,
pensativo.
Soy luz de recuerdos
y un trazo esquivando inviernos.
Veo un muelle perdido,
a punto de ser comido a golpes,
a gritos,
a punto de ser tiniebla,
y espacio,
y fueye,
y otra vez vacío.
Veo un furgón cargado de esclavos,
rodeando un pasamanos,
buscando testigos falsos
que salven su esperanza,
de volver a ser mentira
de volver a estirar alcancías
y quedar cubiertos de polvo
en medio de la lucha fortuita
entre Amo y Esclavo.
Pierdo los zapatos de arlequín,
me enveneno en cristales porosos,
revueltos de miedos y escombros:
todo es escombro,
y también nacimiento.
Veo un zorzal
buscando un pasado,
un niño trepando a un barco,
veo a los 650 mortales
caer rendidos ante el dinero
y morir frente a su entierro.
No hay mucha luz, no hay encierro
que valga un gramo de ciencia
en este pecado espeso.
Rondas, copas, agujeros,
piernas, pechos, sombras.
Todo es un círculo de letras,
un rugido de palabras,
un camino de estrellas.
Y vuelo hacia los techos
que derraman espuma,
que invitan a ser chimenea,
Vuelo hacia los lunes con gusto a resaca,
hacia las llamas prendidas de tu espalda,
Vuelo...
como vuelan los cometas,
sin ojos, sin uñas,
vuelo buscando una h
que no sea muda.
Sin ser sincero,
me espero sentado en la estación,
sin cero, con uno,
¿conmigo?
¿con quién?...

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