El cáliz de la cobardía
Ponerse de pié, enderezarse
quitarse el polvo de la cabeza,
de los hombros,
hacer un pacto con tu caspa
borrar de un sorbo todos los adjetivos.
Mirar más allá, negar el vacío
ofrendar denuncias, impotencias
ofrendar aquello revuelto en caricias,
y no tener más que un círculo bastardo de papeles,
un flujo de telas rodeando tu cuerpo,
ser un fantasma arrastrando el alma.
No, no creo en las anestecias:
ninguna cirugía te rejuvenece,
ningún recuperado usa galeras
ni está de moda regalar conejos.
Tu alma está intacta, destrozada
te dieron un rayo de cortaplumas
mutilaron tus ganas, tu vista
mutilaron tu ser
¿qué más te pueden quitar además de tu ser?
Te enredás el pelo, estudias el cielo cerrado
y no entendés:
no entendés qué hay detrás de esos ojos,
que hay detrás de esa risa,
que hay detrás de la piel.
No entendés cómo
dónde ántes había un lago de milagros
ahora hay serpentinas vencidas,
tumbas de primavera,
arañas empollando olvidos,
No entendés cómo ese lago, ahora
...ahora estanca cruceros
y se relame de mentiras.
Y buscás el modo de aferrarte a una existencia,
y no te importa el material del cuál esté hecho,
pero nada te lleva a destino,
todo te deja a mitad de camino,
y ves hombres trajeados corriendo taxis,
mujeres pintando sus labios en un furgón,
ves a todos los cuervos aguardando tu muerte,
parejas imitando al amor,
y soledades,
soledades sin nombre, sin apellido,
sin identidad,
soledades comerciantes, bancarias,
herejes, prostituidas,
soledades engendrando vida,
soledades distraídas
y soledades asumidas.
Hay más soledades distraídas
que soledades asumidas
y eso te llena la cien de millones,
y por más que te enjuagues los gritos
existe un inevitable:
llamar al ángel y fumarte sus besos.
Y otra vez te hartás de tanta hipocresía,
y la ves parada y a la vez empobrecida,
y llenas un parque de sal
y le agregas un poco de agua,
y no fuiste a conmover a un busto
pero eso es lo que te encontrás
delante de tus rodillas,
Y no hay forma de crear nuevas formas,
no hay modo de arreglar la sirena,
no hay trenes, no hay luces, no hay sol
no hay un milímetro cuadrado de amor.
Hay lluvia
y un deseo desesperado de frenar toda una vida,
de decirle "quédate, que soy un ovillo de recuerdos"
y la ves alejarse,
cansada, incierta,
sabiendo que empapa
las puertas que nombra,
sabiendo que hay ficción en sus palabras,
sabiendo...
que hubo un día en que cayó Berlín
y ella estuvo presente
para saber cómo se integra un muro al cuerpo,
y sobre todo, para saber
que tiene un viaje pendiente al infierno
y vos rompiste su pasaje.

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